Fin de la huelga

Hoy, 29 de julio, ha quedado oficialmente desconvocada la huelga tras alcanzar unos acuerdos que, en teoría, beneficiarán a una gran parte de la plantilla.

Se plantean cambios significativos que nos afectarán a todos: modificaciones en los turnos, plazos para que la empresa solicite cambios de jornada y la implantación de un sistema para registrar con precisión tanto las horas programadas como las asignadas a última hora.

Sin embargo, la gran pregunta es si todo esto tendrá un impacto real en nuestro día a día.

Hasta ahora, la tónica habitual ha sido trabajar bajo mínimos, en franjas horarias críticas, con una alarmante falta de personal y en un entorno donde ir a la carrera se ha normalizado de forma inadmisible.

Lo escandaloso es que, tras exigirnos trabajar a ese ritmo, la directiva se descuelga con reproches: «¿Por qué lo has hecho así?», «¿Por qué dejaste a ese pasajero desatendido?», «¿Por qué no lo acompañaste?». Preguntas absurdas que solo se le ocurren a una dirección completamente desconectada de la realidad. Sería revelador ver a esos mismos directivos trabajando bajo las condiciones desastrosas que ellos mismos han impuesto; a ver cuánto tardaban en protestar y venirse abajo.

Por último, no hay que olvidar que esta huelga —y el enorme perjuicio ocasionado a trabajadores, usuarios y compañías— ha sido el resultado directo de la intransigencia de un jefe de servicio empeñado en imponer su voluntad a toda costa. La jugada le ha salido rematadamente mal. Solo queda esperar que Adelte tome buena nota, ponga a este personaje en su sitio y sea consciente del coste y del grave deterioro de su imagen pública que esta gestión ha provocado.

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