23 de junio
Qué idílico es venir a trabajar sabiendo que hoy, como ayer y como siempre, la jornada consiste en sufrir.
Qué gratificante que los pasajeros te griten, te amenacen y te descarguen su frustración por haber perdido un vuelo, todo porque la empresa se niega a contratar personal.
Qué maravilla tener que terminar en la mutua con un ataque de ansiedad mientras te despachan con un cínico «tú tranquila».
A ver si empezamos a cogernos la baja todos en masa y que saquen adelante el caos los que vinieron de otros aeropuertos a controlar la huelga. Qué bonito todo, de verdad.