8 de junio
Un día más de huelga marcado por la enorme cantidad de servicios mínimos impuestos. Aun así, hay franjas horarias en las que resulta absolutamente imposible asumir la carga de trabajo. En los mostradores se acumulan pasajeros esperando a ser recogidos mientras ven que sus vuelos ya están embarcando.
La situación no mejora cuando por fin se les recoge; al contrario, muchos creen que ahí se acaba el problema, pero luego les toca aguardar en la zona ZZ para ser trasladados a las puertas de embarque. Mientras tanto, el reloj no se detiene: los embarques continúan, los vuelos tienen que salir y las tripulaciones y compañías optan por la vía rápida, comunicando a los pasajeros con asistencia que nadie va a ir a buscarlos y que, si no se mueven por su cuenta, perderán el vuelo.
En llegadas el panorama es igual de desolador: aviones desatendidos, pasajeros que se acumulan en la terminal y apenas una o dos personas para hacerse cargo de todo el volumen.
Mientras tanto, la empresa sigue mirando hacia otro lado. El jefe de servicio continúa sonriendo como si estuviera de celebración, jactándose de que «solo» han secundado la huelga cuatro, cinco o seis personas. No se da cuenta —o no quiere reconocer— de que el verdadero motivo de que el resto esté trabajando es que más del 95% de la plantilla tiene asignados servicios mínimos.